19 diciembre 2009
25 noviembre 2009
El uno para el otro...

a tus costumbres,
a tus días, a tu ser
a las noches que te envuelven
a tu cálida sonrisa que a la distancia está
pero que tengo en mi ser... que tienes también al despertar
Y me voy metiendo de lleno
en cada uno de tus sentidos,
cada vez estoy mas cerca
cada día estoy contigo...
Y la pasamos tan lindo
y alcanzamos lo divino,
pensé que no te encontraría
pero acá estás ahora.
Nos olvidamos del mundo
para sentir que vivimos...
Y se hace grande lo nuestro
va creciendo contra todo,
y sin medida, ni reservas
eso es lo más lindo de ti
Nos buscamos como locos...
Y en cada encuentro nuestro
descubrimos poco a poco,
que al final hemos nacido...
¡Sólo el uno para el otro!
Es lo que siento y pienso de nosotros
08 octubre 2009
Sueño 1260: Sebastián, mi Gorda.
27 julio 2009
Sueño 1244: ¡GUIDOOOO!
Afuera de La Moneda, mucha gente se acumula alrededor de los candidatos. Candidatos para algo que no tengo idea, pero ahí están. Y ahí estoy yo con Guido, lo sostengo con la cadenita plateada y un arnés azul.
Yo también tengo un candidato favorito, debe de andar por entre medio de la gente. Hay un par de amigos presentes también. pero no recuerdo sus caras. ¡Ah, alguno de ellos podría pasear un ratito a Guido! O quizás, mi propio candidato, eso sería super bueno. Y qué sorpresa, el candidato que tengo en mente para cederle mi voto aparece de entre la gente acompañado de mis amigos, y se acerca amable.
─Aquí está Guido─ le digo ─Paséelo un rato.
─Qué emoción ─pienso─ Mi candidato anda con el Guido. Converso un rato con amigos y el tiempo pasa rápido, ya es hora de ver en dónde anda mi perrito.
─Ahí está ─lo diviso cerca de una avenida, con el candidato paseándolo. Camino hacia ellos y el hombre toma a Guido al tiempo que hace para una micro.
─¡Hey! ¿Qué está haciendo? ─digo desesperado─ ¡Devuélvamelo! ─grito mientras veo como sube con mi perro a la micro que cierra la puerta y comienza a andar.
Corro al lado de la micro y alcanzo a colgarme de una ventana delantera y grito hacia adentro: ¡Guidoooo! !Guidoooo! !Déme a mi perro!. El candidato se hace el sordo y oculta a Guido debajo de sí mientras le murmulla algo al conductor. Maldito bastardo, era mi candidato, pero ahora lo odio.
─¡Guidooooo! ¡Guidooooo! ─grito con todas mis fuerzas aferrado a la ventana mientras la micro avanza. Siento como me corren las lágrimas por las mejillas. Es una mezcla de rabia, pena y desesperación. Nunca más veré a mi perro, otra vez. Otra vez no por favor. ─¡Guidooooo! !Guidooooo! ─Ya casi no siento mi garganta, no paro de gritar y el estúpido chofer no detiene la micro. Los demás pasajeros le dicen que pare, que mire cómo grito y cómo lloro, pero el candidato y el micrero están coludidos. No me devolverán a mi perrito.
La micro se desvía cuando digo que llamaré a carabineros, y se mete en un terreno baldío. Me suelto de la micro cuando se detiene, y corro hacia la tenencia para denunciarlos. Pero entro y no hay carabineros. Es un hospital veterinario, derruido, oscuro y tétrico, como un escenario de Freddy Kruger. Salgo a pillar a los malditos ladrones y veo que corren con mi perrito. No los alcanzo, desaparecen en la oscuridad circundante y dejan algo en el suelo.
─¿Guido? ¿Será que lo dejaron botadito? ─me acerco y tomo en brazos algo peludo, de color café y blanco, tal como Guido. Lo meto al hospital veterinario y lo miro con más atención. No es Guido, es una niña. Rubia, de pelo largo y rizado, es preciosa, tienen ojos claros y resplandecientes. La niña más linda que he visto... pero no es mi perro. Una enfermera y un médico se acercan y le hablan a la niña como si fuera un cachorro.
─Pobres locos, ¿sabrán que no es un perro? ─pienso mientras observo a la enfermera que le habla tan entusiasmada.
Y miro mis brazos, y no tengo a mi perro. Lo perdí para siempre. Me lo robaron. Pobrecito Guido, ¿dónde estarás? ¿qué te estarán haciendo?
Despierto, y siento las mejillas heladas. Lágrimas secas de seguro. Abro el ventanal que da hacia el patio y Guido entra revoltoso y juguetón.
Afortunadamente aún estás aquí conmigo. No te vayas nunca, cochinín. Eres lo más parecido a. Eres lo que la gente estúpida me permite tener. Eres máxima aspiración para mi. Eres un límite y debo cuidarte.
─¿Quiere una galletita? ─le pregunto cariñosamente, pero no hay respuesta además de su colita moviéndose de un lado a otro. Nunca habrá respuesta, ¿cierto? Desearía que fuese distinto, pero igual te quiero.
25 junio 2009
Sueño 1243: El Quiebre
Pensé que ya te había superado. Otra vez lo intentamos y otra vez no funcionó. Y seguí adelante, algo resentido, pero hacia adelante. Tratando de no pensar en ti, y creí que lo estaba logrando. Pero en mi cabeza, dentro, profundo en el plano de los sueños… ahí estas aún. Y repentino en la realidad, ahí están también tus llamadas al celular. Casi al mismo tiempo. ¿Por qué no me dejas? ¿Por qué siempre vuelvo a ti como una polilla a la bombilla? ¿Por qué cuando quiero dormir me despiertan tus llamadas y cuando logro dormir estás ahí también?
Antofagasta. 4am. La noche es fresca y hay mucha gente que va pasando y celebra, al parecer una victoria de un partido de fútbol. Tú y yo estamos de pie, en una estación de bencina, cerca del centro. No sé desde cuánto rato estamos ahí parados, sólo sé que debo decirlo.
─Estoy cansado de todo esto. Cada vez que lo intentamos algo sale mal, y nada resulta. Y después de eso volvemos igual a intentarlo pero siempre es lo mismo: todo mal.
Y tú solo me miras con cara de tristeza, pero con poco interés en lo que te digo. Para variar eludes.
─Es frustrante para mi todo esto. Lo mejor es terminar.
─Terminemos entonces ─dices de inmediato.
─Vete entonces ─digo con tristeza.
Volteas sin pensarlo dos veces y partes con tus manos en los bolsillos de tu chaqueta. Te pierdes entre la multitud festejante, en una calle brumosa y húmeda. La noche ya se ha puesto helada. Tan helada que me despierta.
─Te he visto partir tantas veces ─pienso en mi cama─. ¿Cuántas veces más?
Sueño 1201: El Beso
Sólo distingo tu cara y tu cuerpo. Estás con esa polera roja que me gusta. Trato de besarte y alejas la cara. Trato de besarte nuevamente y tímidamente me besas para luego arrepentirte. Te abrazo firmemente y tus ideas de escape se desvanecen. Me besas con la misma vehemencia que lo hago yo. Ya no hay vuelta atrás. Todo está oscuro a nuestro alrededor. Sólo se oye el sonido de nuestras bocas besarse. Una y otra vez. Una y otra vez. El sueño se hace eterno. El sueño se convierte en un beso continuo. Algo de lo que no me cansaría nunca. Viviría aquí por el resto de mi vida. Pero el resto de mi vida se acaba al despertar.
La mañana es como cualquier otra. Me siento en la cama y pienso en aquel beso. Estoy tan excitado… y tan triste a la vez. Aquí, en el ahora, eres inalcanzable a mis sentimientos. Eres la luna y yo soy sólo un perro aullando ingenuamente hacia ti. Me haces mal. Me hace mal pensar en ti. Y me hace horrible estar cerca de ti y quedarme así: sólo cerca de ti.
He tomado una decisión. Quizás me equivoque, pero vivir es elegir. Y he elegido.
Cuídate, te quiero mucho (aunque te haya provocado una risa o silencio las veces que te lo dije)
Hasta siempre.
Sueño 1154: La Cárcel
Mi papá y yo en un departamento de paredes blancas y cómodos sillones de igual tono. Las ventanas dan hacia un patio interior. Estamos en altura, no alcanzo a distinguir el piso, debe ser super alto. Se pueden ver las demás ventanas de los otros apartamentos, todos los cuales tienen luces encendidas, pero no veo a nadie dentro. Extraño. Pero lo más extraño es que sé que no es un domicilio cualquiera, no es un departamento regular. Es una cárcel. Cómoda, pero cárcel. Y sé porque estamos encarcelados. Es tráfico de drogas, y sé que no somos culpables. O al menos sé que yo no lo soy, porque me confundieron. Sí, me confundieron con un tal cubano traficante de cocaína. Y yo… no soy cubano. Soy chileno. Y nunca he traficado.
─Estoy seguro que si llamo a mi trabajo y me comunican con algún fiscal me darán la libertad y todo se arreglará. Ellos saben que no soy cubano…
Mi padre se pasea de lado a lado. En un momento abre la puerta y hay un guardia afuera, pero parece estar aburrido o desinteresado. El pasillo que se entreve es larguísimo, blanco, y tiene muchísimas puertas. Las puertas de los otros apartamentos. Papá cierra la puerta y se dirige hacia la ventana que da hacia el patio interior.
Afuera, la noche es fresca y la luna llena ilumina el ambiente. Unas cañerías suben y bajan cerca de la ventana.
─¿Qué haces? ─pregunto.
─Voy a bajar por la cañería para escapar─ responde en forma muy natural y comienza a descender.
Es todo lo que ha dicho en toda la noche. Debiera importarme y sería lógico seguirlo en el escape. O al menos levantarme del cómodo sofá blanco y ver cómo baja por la endeble cañería. Pero sé que va a estar bien. Además, no quiero moverme de donde estoy sentado. Me gusta el sofá. Me gusta el departamento-cárcel. Es agradable, la luz ilumina bien todo, es blanco, es seguro, y también veo que hay una pequeña cocina y un baño. Parece ser un lugar que tiene todo lo que necesito. Pero…¿necesito un padre además? Tarde. Ya no logro ver a mi papá desde el sofá que me atrapa. Se fue. Quiero que me importe el no tenerlo. Pero no lo consigo. Lo pienso y no le encuentro sentido. Lo pienso en sueños y al despertar lo sigo pensando.
─Soñar con prisiones o ser prisionero: relaciones enfermizas que deben terminar. Necesidad de liberarse. Ser dueño de si mismo ─es lo que me dice alguien en el mundo consciente.
Y si eso fuese cierto, ¿de quién he de librarme? ¿De ti? ¿o de ti? ¿de quién? Desearía que los sueños fuesen más libros abiertos en vez de libros que decifrar.
07 enero 2009
Sueño 1103: ¿También tú?

Último día laboral antes de salir de vacaciones. Mi última visita a Iquique me dejó muchos recuerdos, especialmente ver a mi hermana Pamela en estado de embarazo avanzado, y también haber salido de shopping con mi otra hermana, Francisca. De uno u otro modo, ambas experiencias se mezclan confusamente, como en una licuadora, y al abrir la tapa cae un espeso y extraño sueño...
Estoy en el baño del primer piso en mi casa de Iquique. Estoy desnudo y me estoy dando una ducha, pero al parecer es la antigua ducha que había cuando era niño. Y oh, sorpresa, no estoy solo. Está la Pancha también (freak) y también mi mamá (aún más freak), y ambas están desnudas y bañándose (mucho más freak).
Pamela ya pronto tendrá su hijo -pienso en el sueño- Sería buena onda que lo tuviera junto con el de la Pancha -sigo pensando. ¡Un momento...! ¿la Pancha también está embarazada? La miro y efectivamente está embarazada. Desnuda duchándose no hay donde ocular vientre, y ahí lo tiene, grande y de un padre que desconozco. Raro, la Pancha se ve más delgada, y tiene un cabello larguísimo, el cual lo embalsama y peina con sus dedos por largo rato.
Y mi mamá, continúa duchándose con agua que cae no sé de dónde, pues, la única regadera está sobre mi cabeza. Se ve contenta, está tranquila mientras le cae el agua encima. No me es extraño verla desnuda pues así fue la crianza en casa, excepto yo, que me daba lata andar en pelotas y que me vieran. ¡Un momento! También estoy desnudo y está mi mamá y mi hermana. Reflexiono un poco y pienso que dada la situación ya da lo mismo. Seguramente no me veía los genitales desde que comencé con el pudor hace miles de años atrás. Me volteo y digo: -Mira, mamá, te los presento, ¡hace tiempo que no los veías!. Mi mamá los mira, me mira y se ríe mucho.
Qué bueno, la Pancha contenta con su embarazo, quizás lo pare junto a mi otra hermana, y mi mamá riéndose porque le mostré los genitales que tantos años oculté de los ojos familiares dentro de la casa. Todos contentos, yo satisfecho, sueño extraño y todo, pero sueño reído a fin y al cabo.
Hora de despertar. Creo que tendré que comentarle el soñado embarazo a mi mamá, seguramente no sonreírá tanto como en el sueño si la Pancha está realmente esperando un bebé a sus 14 años.
18 diciembre 2008
Hiro... Me haces falta.

Llegaste en circunstancias especiales. Primero conociste a tu papá Alex, quien te cuido hasta que pudo enviarte a Calama. Luego, "Amorcito" te trajo en brazos desde el aeropuerto. Recuerdo que bajé del departamento y te tenían en brazos con mucho cariño. Sí, Amorcito te quería tanto como yo. Ese primer día estabas como loco, y cuando te cansabas te dormías plácido en el puff o en la cama. Amorcito te llevó al lavamanos y ahí te bañó mientras yo te grababa con la cámara. Al tiempo después, Amorcito se fue lejos, nunca más regresó para quedarse y yo me quedé contigo. Contigo, perrito. Mi única compañía en aquel frío y oscuro departamento. No aguanté más y me cambié a una casa con patio, sólo por ti, para que tuvieras espacio para correr y hacer tus necesidades. Y así fué, corrías de un lado a otro y orinabas en una de las paredes.

¿Recuerdas que te gustaba que te lanzara tus juguetitos bien lejos? Los buscabas raudo y regresabas a mi. Con tus patitas me pedias que te lo sacara del hocico para volver a lanzarlo.
¿Recuerdas que te parabas en dos patitas a recibir las croquetas que tanto te gustaban? Caminabas la distancia que fuera para tomarla con tu hociquito. Cuando no tenías hambre intentabas enterrrarla en el sillón o el puff. Tontito, al verte asi te sacaba al antejardín y hacías un hoyito donde guardabas tu tesoro. Con tu naricita empujabas la tierra de vuelta y te ibas a la reja a sacar tu cabeza entre los barrotes para mirar el barrrio. Siempre fuiste curioso, aunque la primera vez que te saque a pasear estabas aterrado.

A pasear, ¿recuerdas? Al sonido del collar te ponías loco, y corrías a la puerta moviendo la colita (que nunca quise cortarte, cochinin). Te resistías a ponerte el collar, pero al final solito cedías y saliamos. Sabías que debías esperar un poco para yo cerrar con llave la puerta. Y luego de eso te volvía la locura al continuar el paseo. Meabas en tus lugares favoritos, y jugabas con el perro negro del pasaje. Algunos perros te ladraban, pero tu naturaleza audaz te hacia indiferente a las agresiones de los demás. Eres muy valiente.
En mi soledad, siempre me seguías a donde fuese. Incluso si entraba al baño me esperabas afuera de la puerta, pegado y recostado. Cuando salía de la ducha y abría la cortina te acercabas rápido a lamerme las rodillas aún húmedas. Odiaba irme al trabajo y darte comida y agua antes de salir, pues te ponías contento de verme en las mañanas y me daban ganas de quedarme contigo. Cuando volvía de trabajo lo primero que hacía era ir a ver como estabas, ¿te aburrías mucho cuando yo no estaba? Seguro que sí, Hiro. Perdóname por los ratos tan largos que pasabas solito.
Muchas noches, en especial en invierno, dormiste a mi lado. Apagaba la luz y te subías a la cama. Dabas muchas vueltas antes de acostarte y finalmente te recostabas con tu lomo pegado a mi. ¿Se sentía mas cálido y cómodo cierto? A veces te dormías tan pesado que me costaba taparme porque atrapabas las frazadas. Tenía que levantarte con cuidado para volver a taparme, pero te dormías rápido nuevamente. ¿Y en las mañanas? Sí, si. Tus languetazos me despertarban, o a veces despertánamos juntos, o las menos veces yo despertaba antes que tú, pero pronto me seguías a la cocina a ver como hacía el desayuno.

Gracias por acompañarme en las noches insomnes, frente al computador. Adorabas acostarte cerca de mis pies o detrás de mi, en el puff rojo. Aquel puff que compré por internet para mi, pero que terminó por convertirse en tu lugar único y sagrado de descanso.
Tengo varias heridas en mis antebrazos y manos. Sí, sí, cochinín. Tú me las hiciste, malito. Cuando te decía: "me dolió" acercabas tu cabeza y querías que pasara mi mano sobre ella, mientras encogías tus orejitas, a modo de perdón. Je, je, tú sabes que siempre te perdonaba todo al final. De hecho a penas te acariciaba volvías a morder juguetonamente mi mano.
Eras bien sociable, incluso más que yo. Saltabas encima de las visitas, a decir, amigas, amigos, Amorcito, pinches, familiares, extraños, colegas, etc. Tu alegría llenaba un espacio amargo en mi. Un espacio amplio que no logro completar a pesar de mis esfuerzos.
Ya han pasado varias semanas desde que te fuiste, perrito mio. Aún recuerdo el último día que te vi. Estabas contento, ibamos en el auto de Irving, e ibas con la cabeza en la ventana. Estabas tan exitado que querías saltar desde el vehículo andando. Cuando llegamos al trabajo querías jugar con la Ramona, pero ella se limitaba a gruñirte, y como te da lo mismo que te ladren y te gruñan, te fuiste a explorar el terreno cercado. Estabas blanquito, limpio y olías bien. El día anterior te había bañado y te saqué la caquita que tenías pegada. Pobrecito, estabas con un poco de diarrea y pronto pensaba llevarte al veterinario.
Y por un infortunio, a través de la puerta abierta, percibiste un mundo amplio y nuevo para ti. Explorar sin correa debe haber sido muy atractivo, ¿no? Y corriste lejos, muy lejos. Lejos de mi. Lejos de todo lo que dí por hecho. De todo lo que tenía planeado para nosotros. Así como "Amorcito". Así tal cual, me dejaste aún más solo. Me dejaste con una tristeza que no soporto. Que me vence y me debilita cada vez que pienso en tus ojitos redondos y brillantes.
La noche del día que te perdiste, dormí muy tenso. Desperté con el cuello y la mandíbula rígidos, sentía los dientes molidos hasta formar polvo en mi boca. Estuve así varios días. Supr de sueños ajenos que hablaban de un reencuentro. También lo he soñado, muchas veces. Pero también he tenido pesadillas, cuentos tan reales que hablan de decepción y pena al ver que no regresas a mis brazos.
Eras todo lo que tenía aquí en Calama. No hay trabajo, ni dinero, ni objetos que valgan lo que vales para mi en esta ciudad extraña. Sin mis amigos de siempre, sin familiares, sin contacto social, eras los oídos a quien yo hablaba durante el día. Te he llorado tanto que quizás no me quedan lágrimas. He tenido que soportar la maldad de la gente por ti, pero soportaría cualquier pena por volver a verte.
He puesto avisos con tu carita, en postes y radios, en internet y lo más importante en la cabeza de personas bondadosas que me han ayudado a buscarte.
¿Estarás bien? ¿Tiene hambre? Me gustaría darte las carnecitas que te había comprado poco antes de que te fueras. Aún están ahí guardadas en la alacena. No quiero ni verlas en realidad porque adivina a quién me recuerdan.
Me siento tan culpable, Hiro. Quizás debía haberte cuidado mejor, quizás no fui tan bueno amo como debía haber sido. Dicen que las cosas pasan por algo, y cuesta mucho entender eso. Llegaste y me llenaste de alegría. Te fuiste y el corazón se me rebalsa de amargura y llanto. ¿Ves lo importante que eres para mi? ¿En tu cabecita me recuerdas aún? Donde quiera que estés, te amo mucho, cochinin. Si Dios no te regresa a mi lado, sólo quiero que estés bien y estés sanito y feliz. Si te vuelvo a ver, seré un hombre agradecido, feliz y renacido. Si ya no estás en este mundo difícil y algo cruel, sabes que nos volveremos a ver en alguna otra vez. Espérame como me esperabas siempre. Acostadito con tu cabeza sobre las patas, observándome atento y contento.
No es una despedida. Sólo que la angustia y la pena no me dejan dormir, y necesitaba escribirte, perrito. Pero no te preocupes, tú sabes que soy algo llorón y sentimental.
Yo... tengo varios anhelos dentro de mi. Tú eres uno de ellos, Hiro.
Yo... te esperaré ahora y por siempre.
Yo... te amo, perro mio.





